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  The fine art of ballooning


The Happy Balloon u otro dilema musical difícil de ubicar. El repertorio parece de los años sesenta: flower pop, sunshine pop, acoustic soft pop, bossa nova cálida y algún espiritual. El tratamiento de las canciones no obstante les aproxima al pop bucólico- escocés de los ochenta o a Sarah Records. Unos conjuntos crean, otros copian, The Happy Balloon reinventan. Y lo hacen empleando la más sabia de las alquimias. Esto es gloria pura para románticos, si es que queda alguno por ahí suelto...

Bien, el oro prometido en el párrafo anterior cuaja tras tejerse una amistad epistolar -trufada de postales, extravagancias y canciones favoritas- entre Siesta y un tal Z. (del que luego expondremos sus credenciales). Surge una complicidad. Los rayos del sol y el afán escapista hacen el resto. Se acuerda registrar un disco en el que se recree el esplendor de esa música viva pero olvidada. Para ello The Happy Balloon se toman su tiempo (como si fuesen náufragos en convalecencia) y sus vasos de ouzo (como buenos griegos) y adoptan conceptos extra musicales como el garbo (como si no fuesen griegos) y la buena estampa (como si fuesen ingleses).

A Z. le acompaña su fantasma como sombra pegadiza. Contemos su historia. Familiarizado e inspirado en Roger Nichols, Jim Webb, Curt Boettcher, Paul Williams, Chris Dedrick o Brian Wilson se siente eclipsado por el talento de éstos. California le oprime y por ello decide buscar un retiro dorado en el Mediterráneo, lejos de los oropeles americanos. Alentado por ese ímpetu fugitivo propio de los que temen al fisco, Z. escapa a una isla griega. Se refugia en su música, en una vida ociosa y en artes más o menos ortodoxas como la de fabricar globos o pintar cuadros. Con el tiempo uno cree interpretar que esa pasión aerostática es una elipsis de sus canciones y de esa propensión innata de huida continua hacia destinos ignotos. Z. funda una especie de taller creativo dedicado a la reflexión y a la agitación cultural. De paso conoce a gente cosmopolita, bibliófilos, aficionados a las artes escénicas venidos de distintas partes del planeta; toda una hermandad deliciosa y canalla que le conduce a un círculo de amistades en el que destacan tres residentes con dotes para el canto y la música. Son N., I. y M. Deciden crear un grupo musical y una compañía que mezcle pirotecnia y escena a partes iguales.

'The Fine Art of Ballooning' muestra la inclinación hacia un tipo de canciones que suenan como un bello anacronismo, unas de espíritu lúdico-festivo y otras más de pausada introspección. Hay versiones de composiciones de grupos y artistas no muy recordados como The Harmony Grass, Philamore Lincoln, Gentle Touch, Charles Fox, Chamaeleon Church, Armageddon Experience, The Sunshine Company, Liz Diamond's Orient Express, The Sunshine Trolley, Sundowners u Orange Colored Sky pero que suenan a Aztec Camera, The Legendary Jim Ruiz, Prefab Sprout, The Go-Betweens, Blueboy, Orange Juice o The Crooner.

De nuevo siesta desafía el tiempo mejor que sus contemporáneos. No por poseer el elixir de la eterna juventud sino por estar en una edad indefinida.


 
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