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  Let's dissolve


Mild Euphoria es un conjunto de grandes artesanos, de piruetistas musicales de un gremio único, de rapsodas de taberna, que han permanecido escondidos estos años como banda de apoyo de Lollipop Train, Maria Napoleon, Death by Chocolate y David Candy. Llega el momento de que se quiten su antifaz y ofrezcan su música como fruta silvestre al amado público.

Las canciones de 'Let's dissolve' sugieren viaje, movimiento, expresionismo, evocación, arte abstracto, alta repostería, moda, obnubilación. Y es que Mild Euphoria inventa en cierto modo la manera reversible de amenizar los ambientes televisivos de las series de los setenta, pongamos "The good life" o "The rise and fall of Reginald Perrin", y estrechar lazos con las peripecias musicales alucinógenas de los sesenta, verbigracia, Ennio Morricone (pongamos un anuncio de pintura). Son capaces de romper el nudo gordiano de dos épocas antagónicas.

Está claro que el repertorio han elegido es rico en melodías. Hay momentos jazzy como en el refinado tema de Dudley Moore 'Morning walk' (de la película Thirty is a dangerous age, Cynthia). También uno encuentra canciones de cosecha propia y de campanillas como "Delicious pie". Como buenos falsificadores usurpan identidades como en el clásico instrumental de The Monochrome Set "Lester leaps in" o en "Spring song" (escrita por el menospreciado guitarrista de jazz húngaro Gabor Szabo). Todo complementado con floripondios, composiciones burbujeantes, nimbos de misterio, fases oníricas y pegadizas. Let's dissolve te hace vagar en la soñadora actitud de los que cogen conchas en la orilla tras comer hongos alucinógenos.

¿Viaje sicodélico? ¿Parodia de la familia real británica? ¿Pastiche de predicador? ¿Obra para círculos selectos y cultivados? Un poco de todo. Uno se imagina a estos individuos de Bristol como cazadores de mariposas chiflados en busca de la melodía más efectista o graciosa, sin deseo apremiante de enseñársela al público.

Las nuevas escuelas musicales son filfa ¿dónde está la imaginación? "Let's dissolve" sólo puede compararse a "Telstar". Es un disco diáfano, hecho con afán de alquimista para encontrar una fórmula estética. Con imaginación, por supuesto.

Pregonemos la mercancía y hagamos digresiones estrambóticas. Hoy en día sólo nos queda el reducto de los pasadizos secretos de la fantasía de Reverie para prometer un porvenir risueño al mundo del disco. Tiempo al tiempo.


 
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