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Si a Don Quijote le cambió la lectura indiscriminada de los libros de
caballería, a nosotros nos enloqueció la escucha de discos oscuros
y rancios y el disfrute de películas coloristas y evocadoras. Todo ello
nos hizo abrigar la idea de que cada canción, cada disco, podía
ser per se una banda sonora en miniatura y tener la expectativa descomunal de
que moviéndonos en el vasto campo de la fantasía garantizábamos
la eternidad y juventud musical. Bien, el juego de espejos ficción-realidad
cristaliza ahora en una nueva chifladura; la reinvención del personaje
del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, que vive andanzas y ambientaciones
musicales elegidas por Mateo Guiscafré, arregladas por Ramón Leal
y ejecutadas por una caravana de habituales colaboradores enmascarados. Valga
la vanidad, le dedicamos uno de nuestros mejores discos al Caballero de la Triste
Figura, por el que sentimos profunda complicidad. Tenemos el complejo de Don
Quijote.
Don Quijote sirve de arranque a una nueva trilogía que reflejará
las dones y virtudes que nos adornan a los españoles. Sí, ya saben,
nuestra caballerosidad y casticismo, nuestro duende e ideal romántico,
nuestra pereza intelectual, nuestra inclinación al enredo y al barroquismo
y nuestra afinidad por los desmanes y las barbaridades. Ya es hora de que el
mundo conozca de qué pasta estamos hechos y qué mejor que empezar
con la sustancia quijotesca, tan inherente al alma y estirpe española.
Estaremos todos de acuerdo en afirmar que la vida real pierde a veces de tal
modo su brillo que es preciso animarla con el colorido de la ficción
más disparatada. Enfrentémonos al mundo como hizo nuestro adalid
de la libertad y del azar generoso. Próximamente llegará Don Juan
en el segundo episodio de esta serie “El encanto y duende peculiar de
España” para poner ciertas cosas en su sitio..
Musicalmente este es un disco tarumba, un musical pop con canciones que pueden
recordar a Morricone en sus inicios, a Solera, a Beatles o The Association,
a Françoise Hardy o a los propios grupos de nuestra escudería
dispensadores de suculencias. Las composiciones van desde piezas de pop rampante
a canciones de dulce serenidad. Encontramos coros de portentosas piruetas vocales
y arreglos orquestales de mucho fuste. Non nos olvidemos de que el disco es
muy pop y tiene muchas guitarras, referencias cinematográficas, psicodélicas
y medievales. Hay además intervenciones estelares y surrealistas de Orson
Welles y fantasmagorías de Dalí. Conocidos de otros discos, como
C de Constancia y Silvestre Paradox, participan en esta entrega pero predominan
los propios personajes de la obra universal de Cervantes como Dorotea, Anna
Félix o Cardenio.
El libreto interior presenta una pormenorizada semblanza de los personajes
y razones concretas que nos han llevado a concebir esta relectura de “El
Quijote” antes de que procedan las autoridades a las inanes conmemoraciones
y efemérides que se aproximan.
Don Quijote viaja por el país de los palacios de cristal, de las agraciadas
doncellas, de los vinos embriagadores, de los mendrugos y zopencos y de las
eternas músicas. Es dífícil acomodarse a la realidad tras
estas tribulaciones que nos dejan en un jardín de mil placeres, en una
cueva del tesoro, en una taberna solanesca o en un paraíso prohibido.
Al fin y a la postre Don Quijote es un disco para morirse de gusto, que es
en realidad y como bien saben ustedes una muerte genuinamente española.
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