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  Memory-la


A la sombra del mundo racional prosperan artistas como venidos del fondo de la historia a los que la musa les sopla con fuerza. Uno se imagina a Constantin Veis como un desaliñado orfebre de sugestión romántica que deshace su equipaje de recuerdos a través de bonitas notas y melodías con el fin de celebrar los gozos de una vida apacible. Su noble abolengo como co-líder de Fantastic Something garantiza un pop afable, pulcro y melancólico, que ya despertó admiración sin paliativos en su momento. Memory-la podría venir subtitulado como Anatomía de la melancolía o como Música memoria; melancolía de padecer una derrota anticipada, de la búsqueda de un lugar del mundo, del arraigo y desarraigo. Música memoria evocadora de Prefab-Sprout, Donovan, Beach Boys, Brighter, Beatles, Simon & Garfunkel, XTC, The Cyrkle y a October Country. Tengo la corazonada de que su álbum de debut en solitario hará doblar de admiración la rodilla a más de uno.

Con su voz de timbre acariciador y un sonido cristalino, el Señor Veis despliega sus ensueños de inocencia desbocada en un ambiente bucólico. En cierta manera Constantin recupera su Arcadia perdida a base de secuencias familiares extraídas de los rincones de la memoria, de sentimientos puros e instantáneas de juventud entre los contrasentidos de la vida. Todo funciona a modo de diario intimo o dietario.

Constantin es taciturno y fosco a su manera, hace pop sin requilorios y escribe en la soledad, en el apartamento, en la renuncia del bombo, con ese talento oculto del "vivir sin pretensiones". A pesar de su continua celebración de los gozos de la existencia, hay una quietud de fondo que intriga. El disco es antiguo como la maqueta de un viejo velero, hechizante como encontrar canicas de cristal en el tarro de los tesoros de un niño y refrescante como tener ventanas abiertas al paisaje más primaveral. Perdonen el lirismo trasnochado.

Lejos de las pragmáticas y mandatos de la moda, este disco es un espejo mágico en el que mirarse si uno tiene predilección por el pop dulce y desnudo, las guitarras limpias, los arreglos orquestales de solera. Ya con los primeros acordes uno siente complicidad y familiaridad con lugares comunes que inundan todo de emociones, p.ej. Where is the time o Impossible things (Beatles contra Nick Drake).

Memory-la tiene la dulce serenidad y el grato bienestar de un Gilbert O'Sullivan (People and places), Bach o Love (The one who loved), Nilsson (Run again, Tom Sawyer), Roger Nichols (A new shade of blue) o Bacharach (Different side of me). Once I've been there ofrece un guiño contemplativo a Simon and Garfunkel .

Constantin tiene una gran imaginación, una voz angelical y un fondo entre wildiano y bucólico; En Memory-la es leal con sus sueños juveniles y con el sonido de Fantastic Something. Constantin Veis es el Mark Twain del pop europeo. Tiene un arte aparte en el que siempre amanece.


 
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