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  Over the rainbow


Esta publicación conmoverá las fibras más sensibles del alma de los exquisitos seguidores de Él records que se alegrarán de esta nueva operación rescate, coronada tras sortear peripecias del contrario destino. Ellos se merecen sin duda lo mejor. Aunque algún sabelotodo o pitagorín se dé charol y salte diciendo que algunas de estas canciones salpicaron los recopilatorios del sello londinense, la mayor parte de estos temas quedaron inéditos desde su grabación en 1988. Los niños son la humanidad en flor y la música pop les va como anillo al dedo; ya hicieron bellos gorgoritos grupos como The Cowsills o The Brady Bunch. Siesta es un reloj parado que da nuevas oportunidades. Juzguen estas trece canciones inteligentes de pop inglés atemporal, con garbo, fintas ingeniosas, salero y esmero y sabrán por qué se ha subido a los altares a este grupo (y no sólo en Japón) sin necesidad de pasar por Popstars.

Para Mike Alway este grupo "auténticamente infantil" significa mucho, aunque tenga que remontarse a la noche de los tiempos para acordarse de cómo empezó todo. Accedió a este grupo originario de Lewes, East Sussex (en el sur de Inglaterra) allá por 1988 y los enroló de inmediato en El records. Se las prometía muy felices y su intención era que este disco "Over the rainbow" saliese publicado ese mismo año en Él pero una serie de desatinos lo impidió. Curiosamente han pasado 15 años y gracias a Siesta y a un accidental encuentro se ha activado el proceso, el milagro.

En la escena musical británica independiente de esos días no había nada que tuviese parangón con Hunkydory; eran como unos peces raros de acuario a los que sólo hacian carantoñas y caso los nipones. Alway les vio enseguida como la versión inglesa de The Partridge family o The Brady bunch. Otros les vimos como reyes y reinas de los juegos florales del que podía ser pop del futuro, en un mundo ideal, claro está. Sea como sea parecían criaturas robadas de una serie de dibujos animados en un escenario de travesuras, picnics y años bobos y divertidos. A la postre captaron la atención de una parroquia esperanzada.

El vocalista principal fue Matthew Prout, toda una precoz estrella infantil y prodigio. Le acompañaban Heidi Stone, Marie Yeandle, Sandra Clinton y Matthew Tester en las voces restantes y aportando las guitarras y teclados que conformaban su acariciante, encantador e impoluto sonido.

Siguiendo la tradición de The Partridge Family o The Brady Bunch el padre de Matthew Tester, Malcolm escribió la mayor parte de letras y arregló el repertorio.

Este disco hubiese sido la secuela perfecta y lógica a los albumes de Bad Dream Fancy Dress y The Would be goods en El. Pero algo pasó.....

Y es que antes de que se secase la tinta del contrato, Cherry red decidió dejar de dar cancha a las excentricidades del proyecto y retiró el apoyo a Él records. El propietario de Cherry red viajó a la Costa Oeste para verse con su gurú y dejo a cargo de Cherry red a un vendedor de coches usados. Evidentemente eran signos del destino trágico del sello y del zarpazo de la realidad musical sobre Hunkydory. Quedaron en la estacada, en vía muerta y fueron lanzados antes de tiempo a las arduas luchas del mundo y al olvido. La historia deja entrever que el álbum quedó como el disco perdido de Él records.

En la primavera del 2002 un encuentro casual entre Malcolm Tester y Mike Alway unido al interés de siempre de esta casa por Hunkydory, obró el milagro. Afortunadamente el destino no está quieto nunca y permite que nos sacudamos el mal trago de no ver demasiados grupo de esta categoría. Abra esta caja de sorpresas.


 
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