Home Bandas Catálogo Tienda Novedades Contacto Lista de correo Links
 

 
  Country Music. Songs for Keith Girdler


Country Music. Songs for Keith Girdler” es una compilación en homenaje a Keith Girdler, el músico, el letrista, el genio británico que distinguió la singularidad de su talento en egregios grupos como Feverfew, Blueboy, Arabesque o Beaumont y que falleció hace un año. El vacío se nos ha hecho tremendo este tiempo y cuando uno de sus mejores amigos, Richard Preece (líder de Lovejoy) nos expuso el noble ideal de coordinar un proyecto musical en su honor, no escatimamos ni un minuto en ponernos en marcha. Y lo hacemos tanto grupos y compañía con desprendimiento y sin reclamar gloria monetaria ya que los beneficios de este disco están destinados al Martlet’s Hospice en Hove (East Sussex) donde permaneció Keith hasta el final de sus días (www.themartlets.org.uk). Pueden enviarse donativos. Country music contiene canciones inéditas o versiones exclusivas.
Persona de firmes compromisos y metas precisas, Keith dedicó buena parte de su vida a ayudar al prójimo. Y es que en el pop no todo es mala hierba, Keith siempre se hizo querer y permanece en el panteón de los hombres ilustres del indie pop. Y no sólo por ser un espejo cultural cuyos gustos y claridad adquirieron categoría estética sino por su buen humor, inteligencia vivísima y voluntad férrea. Se forjó un personaje dentro del mundo musical pero en el día a día encontró vocación en el trabajo social, mordido por la melancolía que segrega la infancia, la injusticia, el desamparo de los ancianos, el dolor... Hace unos años dejó su trabajo en un hospital para ayudar a los más desfavorecidos y vulnerables. En un estado de permanente elevación, incluso durante el período de su larga enfermedad, su corazón prodigo dedicó su empeño con unción sacramental al cuidado de la tercera edad hasta caer en las fauces de un aciago destino. Y lo hizo conservando sus depuradas formas, su humildad y buen corazón en esas enojosas circunstancias. La música, esa vibración universal, era el rayo divino que recibía su alma, día a día, y que le ayudó en esos trances difíciles. Como enfermo terminal recibió un tratamiento paliativo generoso y cariñoso en la institución a la cual queremos destinar todos los beneficios del disco en señal de agradecimiento.
Pero a algunos de ustedes puede que poco le interese la asombrosa vida de este santo sin altar o padezcan sordera de espíritu ante este ejercicio laudatorio. Usaremos por tanto la artimaña de desglosar la calidad musical de este proyecto. El disco contiene dieciséis canciones de enorme calado, una puesta de largo del mejor indie pop de las últimas tres décadas con un elenco de precursores, realidades, compañeros de escudería, admiradores y admirados, nombres y figuras que constelan el cielo de nuestras estancias sentimentales. Se puede decir que es el último fósil del C-86, de las fantasiosas visiones de sellos como Sarah, El o Subway, del sonido más puro de los 80’s sin que ello signifique caer en las migajas del revival o la nostalgia.
El recopilatorio se abre con una nueva canción de St Christopher ('Can't Forget You') que devuelve a Glenn Melia a la cúspide y a la vitola de Sarah Records, renacido tras mudar de piel como las serpientes repetidas veces. A continuación nos encandilan The Wake y su buena estrella con una fenomenal versión en 8 pistas del 'Crush The Flowers' que editaron para Sarah records, pura papiroflexia. El tercer corte es una de las sorpresas, el contestatario cantante de Adorable, Pete Fijalkowski maravillándonos con otro tema exclusivo 'Downsizing' cercano al mejor Billy Bragg. Lovejoy muestran su total adhesión a la causa con una superlativa versión del 'Melancholia' de Blueboy que nos derrite por momentos por su excelso refinamiento. Apaciguados los ánimos, Hal, sigue con la estética de lo pequeño con el turbador y preciosista 'Down' que alfombra el paso a otros fieles correligionarios, Trembling Blue Stars con su portentoso 'Soft Evening, Brilliant Morning'. Ambas canciones son golpes certeros de músicos que en su momento hicieron brillar los rizos del sello de Bristol con Brighter y Field Mice. Los deberes dinásticos imponen.
El maestro francés Louis Phillipe -cuya vocación es su vacación- nos devuelve a la puntillosa firma de Keith Girdler versioneando 'Lazy Thunderstorms' de la era Blueboy, una acariciante brisa de melancolía y nostalgia. Siguen en esa vena Club 8 -los pontifices del pop sueco- que sacuden los cimientos del alma pop con la encantadora 'What I'm Dreaming Of...” que sólo vió la luz en Japón como extra de su último álbum y que no dejará impertérrito a nadie. Otro nombre conocido y codiciado más de culto de luna que de sol, son los londinenses The Clientele, que ofrecen en exclusividad una nueva canción 'Breathe In Now' que refrenda la buena salud de una propuesta muy seguida en nuestro país, afortunadamente.
Luego damos paso a dos grupos admirados por Keith que han conspirado desde la sombra. The Times, el grupo del polifacético Ed Ball, que rescata Sold (mezcla exclusiva de la canción que apareció en su álbum de Creation de 1989 'E is for Edward'). Y con la solemnidad de los antiguos vuelven a la palestra Would Be Goods con otro inédito 'I Believe You Cassandra', soberbio de pe a pa, sin perder tronío y con la firma del gran Pete Momtchiloff.
Más jóvenes son Aberdeen con los que compartieron sello, disidencia y aficiones que prestan un islote instrumental perfecto y sentido. Desde los confines de Noruega llegan Love Dance, un trío deudor de Blueboy y Beaumont, obstinado defensor de sus esencias, que borda una de las joyas de Blueboy 'His London' cuyos meandros merecen una retahila de piropos.
Cierran el repertorio, con insólita desenvoltura y sin cambiar de trinchera desde tierras escocesas The Orchids con 'The Lost Star', soberbia y Biff Bang Pow! el grupo del sin par Alan McGee que desempolva 'Back To The Start' nunca publicada en CD. Pero hay un cofre del tesoro, la huella indeleble del rastro sonoro de Keith. Una canción inédita y póstuma de Blueboy. Quizás su mejor canción.

La música, esa musa enigmática que cobija la desazón del inconsolable nos reconforta y sacude los efectos del gran vacío que ha dejado Keith Girdler. Y hasta uno podría decir que este disco ejerce efectos curativos, es un salvavidas para seguir y evitar el naufragio sentimental. No sé si encontraremos remedio a todos los males con Country Music pero “Pop ¡no desampare este vocablo!”.


 
^^^^